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¡Bienvenidos a Matanza!
Esta pagina es dedicada a nuestros lectores de la lengua hispana/latina (español).
 
Si Dios te ha traído a esta página es porque lo que encontraras aquí será algo especial del cual tienes que estar al tanto.  La confusión de la competición de la red es una atmosfera que no vas a encontrar aquí.  Jesús nos dijo, Sígueme. Seguirle solamente a El. No ser seguida o seguido. Hoy en día todo es de seguir. El intento es que tu, y aquellos que Cristo esta llamando a consagrarse lo sigan a El. Su respuesta a sus discípulos cuando le ensenaron el templo y su gloria, fue, en esencial, que se iba a llegar el día en que su Padre iba a buscar aquellos que le sirvan en espíritu y en verdad.   
©MINDY SILVA 11-1-12
LaViejita
 
Había una vez una viejita que caminaba por un sendero largo, oscuro y misterioso. Sus pasos eran laboriosos y pesados. Cada paso que daba le sacaba un largo suspiro del alma - el que le oyera pensaba más que era un gemido. Caminaba con su cabeza baja como si la cabeza le pesara unos cuantos kilos. En su mirada se reflejaba una tristeza honda e impenetrable. 
Caminando, alzo su mirada por un momento al darse cuenta que no caminaba ya sola. A su izquierda vio un gatito que parecía estar solito y perdido. El gatito la miro y su mirada era triste y enfermiza. Le dio tanta pena con el gatito que se bajó y lo recogió en sus brazos. Poniéndoselo contra su pecho, le dijo al gatito; “Hola, gatito, tu eres chiquitito y te ves más cansado que yo, así que no te preocupes, yo te cargo hasta que ya no pueda más.” 
 
Bueno, así siguieron el gatito y la viejita pero sin darse cuenta la viejita había aligerado un poquito más el paso y comenzaba a fijarse más en las cosas a su alrededor. Llegaron a una vuelta en el sendero y de pronto noto que había un águila al tronco de un árbol. El pobre águila parecía estar herido. Al poner la viejita el gatito en la grama para poder atender al águila, se dio cuenta que el gatito se veía un poco más alegre. Qué raro, pensó la viejita, ya no se veía tan cansado y enfermizo. 
 
Se dobló al lado del águila y vio que el águila tenía algo pegado de una de sus alas que no lo dejaba volar. 
Saco de su bolsillo un ungüento y se desamarro el pañuelo que llevaba por el cuello. Con mucha ternura le unto el ungüento al pájaro y luego le amarro el ala con el pañuelo. “Bueno, bueno, aguilita,” le dijo la viejita al águila, “tendrás que subirte a mi hombro hasta que ya me peses tanto que no pueda más contigo.” 
 
Así siguieron el águila, el gatito, y la viejita. Mientras que el gatito jugaba con ella en sus brazos, comenzó a darse cuenta que el camino ya no se veía tan oscuro y abrumado… No se había dado de cuenta que habían árboles frondosos y gigantescos a su izquierda y a su derecha. Que bellos eran! Su alma ya no gemía, ni de sus labios salían suspiros. Sintió ánimos y fuerzas y pensaba en lo valiente que era el águila y lo precioso y juguetón que era el gatito. 
 
Llegaron a una parte en el camino donde se encontraron con un caballo. Y ahora que, pensó la viejita. Que le pasa a este caballo atravesado en el camino? Un caballo…pero parecía estar sano. La viejita le dio la vuelta al caballo. Bueno, la cuestión era que como ahora había un caballo ella no tendría más que caminar. Qué bueno, pensó la viejita, ahora sí que puedo descansar mis pobres pies. De pronto se dio cuenta que llevaba el águila y el gatito y los monto a ellos en el caballo. Así siguieron por el camino. Pero qué raro que ya no se sentía tan triste y sus pies ya no le dolían tanto. 
 
Siguieron así hasta que oyeron un ruido algo raro. Era un conejo que saltaba y brincaba en el camino. La viejita aligero más el paso y siguió tras del conejo con el caballo, el águila y el gato. De pronto en su camino apareció una casa bella y resplandeciente. Parecía ser hecha de puro Oro de tanto que brillaba! Con mucho temor, la viejita entro bien despacio en la casa. Al entrar, se enfrentó con un espejo grande y largo. Acercándose al espejo poco a poco, comenzó a darse cuenta que ya no se veía tan vieja. Se fue acercando más y más hasta que logro verse completa en el espejo . Que alegría la suya cuando su reflejo le demostró una joven bella y saludable. Era joven de nuevo! Ya no tenía arrugas, ni canas, y su deporte reflejaba ser derecho y juvenil. 
 
Ella no supo lo que paso pero si supo que “la viejita” se había quedado atrás en el camino… Y que tal vez fue el juego del gato, o el vuelo del águila, o quizás fue la fuerza del caballo, y el gozo del conejo que le dieron paso a paso, de nuevo su juventud. 
Así nos manda Dios la fuerza, el gozo, y el animo,en nuestro camino cuando más lo necesitamos, cuando más cansado estamos, cuando nos falta ánimo y alegría. Al final, al llegar a nuestra mansión que Cristo nos está preparando, podemos mirarnos ante El, nuestro espejo y ver una persona nueva, la vejez ya desaparecida. Juventud eterna. Isaías 40:31(NVI) “pero los que confían en el Señor renovaran sus fuerzas; volaran como águilas; correrán y no se fatigaran, caminaran y no se cansaran. “ 
 
Por
Mindy Silva 1999
 
 
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